Algunas noches tengo ese sueño,
navego en una balsa que se mece en el mar,
al abrir los ojos puedo mirar las estrellas,
el cielo nocturno... la inmensidad.
Me incorporo para mirar al rededor,
solo puedo ver oscuridad,
las luces de la ciudad no se alcanzan a ver,
no hay isla alguna a mi alrededor
ni algún indicio de tierra firme.
Asustado por la inmensidad del mar,
me tiro al suelo y abrazo mis rodillas.
Solo puedo pensar en el miedo que me causa el mar,
caer de esta balsa significaría morir...
Con algo de temor y con la vista casi nula,
miro en el interior de la balsa,
solo para hallar un par de remos.
Con ellos mi fe se renueva, ¡Tengo esperanza! grito al cielo.
Comienzo a remar sin rumbo alguno, aferrado a mi esperanza,
esperanza de llegar a mi hogar.
Tras pasar las horas siento que no avanzo nada,
miro las estrellas que parecen ser siempre las mismas,
entonces me desespero, me invade nuevamente el miedo.
Y es cuando tomo la decisión del cobarde y salto al mar.
Entonces despierto en mi cama, asustado, confundido
con el corazón palpitando como nunca,
me toco el pecho para tranquilizarme y respiro lentamente.
Me incorporo para salir de la cama, pero al levantarme...
Vaya sorpresa que recibo... sigo soñando.
Al levantarme de mi cama, caigo al vacio,
siento que el corazón se me sale y no puedo hacer nada...
Al llegar al suelo, no puedo ver nada, todo esta obscuro,
tan obscuro que no puedo ver mi propia mano.
Asustado y confundido, camino hacia lo desconocido,
con el corazón en la mano sigo adelante, con paso lento.
De repente una luz se enciende a lo lejos, corro hacia ella...
Al llegar, veo un espejo, lo miro por detrás y por delante,
es un espejo normal, pienso. Sin darme cuenta de que no me reflejo.
Al darme cuenta salto de la impresión, tiemblo del miedo,
apenas tomo fuerzas para correr, algo me detiene...
Una puerta se refleja en el espejo, miro detrás de mi, pero no hay nada.
Una canción empieza a sonar, la escucho atentamente. La reconozco.
Es wolfgang Amadeus Mozart, ¡Es réquiem! Grito.
De repente la puerta del espejo se abre,
como si mis palabras fueran la llave.
Una figura se dibuja a la distancia, poco a poco se acerca,
una ves estando mas cerca, lo reconozco, ¡soy yo!
Mi reflejo aparece, me señala, se ríe,
sus labios se mueven pero no puedo oírlo...
Se que se burla de mi, me lo dicen sus ojos,
me lo dice su mano señalándome y me lo dice su risa.
Entonces caigo al suelo y me toco la cara...
esta húmeda, eh llorado.
Miro mi reflejo y lo enfrento. ¡¿Que quieres de mi?!
Le grito a mi reflejo. El solo se ríe de mí.
Golpeo el espejo con todas mis fuerzas,
pero es mas duro que el acero.
Caigo al suelo con la mano rota, llorando de dolor.
Y vuelvo a gritar ¡¿Que es lo que quieres?!
Entonces lo oigo.
No quiero nada de ti. Me contesta.
Tu no eres nadie, yo lo soy todo. Tú eres una sombra,
yo soy el real. ¡Libérame! Me grita.
¡No! es todo lo que puedo decir. Déjame solo. Grito.
Libérame. Vuelve a repetir el reflejo.
¡No! Grito mientras corro para alejarme.
Pero no importa a donde corra, siempre veo el mismo espejo al final.
Caigo de rodillas frente a el nuevamente.
No vales la pena. Me dice el reflejo mientras levanta su mano derecha.
Entonces truena los dedos y el suelo se abre bajo mis pies.
Caigo gritando por el miedo, puedo ver mis lágrimas ir en dirección al cielo.
La caída es larga y horrible, el miedo es insoportable,
grito hasta que mi garganta ya no puede mas.
Entonces toso, cubro mi boca con mi mano. Algo caliente esta en mi mano.
Es sangre, mi garganta esta desgarrada de gritar, y aun así...
quiero seguir gritando.
De repente llego al fin del abismo, es un golpe tan fuerte
que me rompe el hombro izquierdo, adolorido quedo en el suelo.
No puedo moverme y quedo tirado por horas.
Mis ojos se acostumbran a la oscuridad y puedo ver nuevamente
aun puedo mover mi brazo derecho, trato de estirarlo,
pero para mi sorpresa, hay algo sobre mi,
toco los costados y también hay algo, entonces me doy cuenta...
estoy atrapado en una caja.
Desesperado, sin poder gritar por ayuda, sin poder moverme
y con la vista casi nula, mi miedo crece.
Mi mano toca unas hendiduras, son palabras grabadas, están frente a mi cara.
Esfuerzo mis ojos para verlas y alcanzo a leerlas...
Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Es lo que dice.
Es latín, por alguna razón se que significa...
Concédeles El descanso eterno, Señor, y que brille para ellos la luz perpetúa.
Es cuando me doy cuenta. ¡Eh sido enterrado vivo!
Un ultimo grito sale de mi garganta destrozada y entonces...
Despierto, me toco los brazos, las piernas, la cara...
Me pego una bofetada para saber que en verdad estoy despierto,
efectivamente, estoy de vuelta en la realidad.
Entonces me levanto de mi cama, aliviado, aunque con algo de temor.
Camino hacia la puerta y al abrirla, la luz del día me ayuda.
Recupero las fuerzas para vivir un día más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario